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| Tuesday, 08 May 2007 | |
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Artículo original
No crean que soy partidario de la iglesia, secta o como se le llame: “Creciendo en Gracia”. En verdad me parece ridículo el enorme debate que se ha generado alrededor de este tema, a tal grado que las principales denominaciones religiosas en Nicaragua, la católica y las protestantes, han venido exigiendo del gobierno que no se permita la entrada del señor José Luis de Jesús Miranda, principal líder de esa corriente que tiene tan nerviosos a los otros. Lo peor de todo es que del miedo se han valido gobiernos y religiosos desde hace más de 500 años para domesticarnos y llevar agua a su molino. No están lejos los días de la Santa Inquisición, cuando el poder era compartido por los papas y los reyes de turno. A los nicas siempre se nos inculcó que la religión representada por los papas era la de Dios y que otras existentes eran falsas, aun cuando el Dios que siempre han pregonado es el mismo de los musulmanes y judíos, por ejemplo. Seguramente habrá centenares de religiones en el mundo como tantos millones de almas en busca de consuelo. Recuerdo que cuando era un niño los evangélicos y protestantes eran considerados sectas por los líderes católicos. Para ese entonces, los representantes del Papa minimizaban esas expresiones que poco a poco fueron ganando terreno hasta convertirse el día de hoy en un significativo 35 por ciento de la población. Esto debería ser una gran campanada de alerta para cardenales, monseñores y curas, pues si en tan sólo 40 años les han quitado una considerable parte de la feligresía a una iglesia con más de dos mil años, imagínense lo que pasará en los próximos 50 años. Hasta puedo pensar que, como dicen Sergio Ruiz y Alfonso Espinoza, la Iglesia Católica, Apostólica y Romana está en peligro de extinción. También recuerdo que los protestantes eran demasiado conservadores, pues sus mujeres no podían usar pantalones, camisas, tacones altos, pintarse los labios, usar las faldas cortas que años después también censuró el ultraconservador ex ministro de Educación Humberto Belli en los desfiles del 14 de septiembre. Las cosas han cambiado y las diversas denominaciones protestantes ahora caminan sobre un terreno tan fértil que les ha permitido ganar cada día más adeptos. A estas alturas, ¿quién puede sostener que en su familia no hay un evangélico? Claro, ahora andan como cualquiera, se visten como cualquiera, se dan bromas con quien sea y cantan al Señor todo tipo de música: rancheras, rock, reggae, etc. Los dioses que adoraban nuestros indígenas: el sol, la luna, la lluvia, sucumbieron ante el nuevo dios que llegó del mar con la espada y la cruz. Nada cambió a favor de ellos y más bien empeoró todo, pues en vez del cielo que les ofrecieron a cambio de convertirse les dieron esclavitud y muerte, robo de sus riquezas, violaciones de sus mujeres y despojo de sus tierras. Muchos líderes católicos, y ahora también evangélicos, se han valido a lo largo de muchos años para manipular la fe de los creyentes. Esto es algo que les ha granjeado excelentes ganancias, pues en un pueblo tan creyente como el nuestro nada se mueve sin el consentimiento de ellos. No obstante, la clase política y económica utiliza a muchos de esos religiosos para luego atacarlos cuando ya no responden a sus intereses. Tal es el caso del cardenal Miguel Obando, quien ahora es visto con otros ojos por quienes una vez lo azuzaron en contra de un proyecto de vida y esperanza. Otro tanto sucede con el reverendo Guillermo Osorno, el actual diputado que siendo candidato a presidente en las elecciones del 96 expresaba que era el ungido por Dios para ocupar la silla presidencial. Desde entonces hace alianzas con quien sea para mantener la vida terrenal que de seguro ya perdió en el cielo. Aun cuando nuestra Constitución Política contempla la laicidad, el poder y la influencia religiosa no sólo se hacen sentir, sino que también imponen su voluntad, como en el caso del aborto, colocando a nuestro país como violador de los derechos de la mujer. No es que la religión sea mala, el problema es la manipulación que hacen sobre la gente más sencilla. Todo esto se ha convertido en un suculento negocio en el cual unos pretenden aplastar a otros para que no haya competencia. Por eso considero que si a Nicaragua se le impide la entrada a este señor Miranda, a quien muchos llaman el Anticristo, no sólo se estaría violando la Constitución, sino también otros derechos que incluso cobijan a extranjeros que visitan nuestro país. Porque, ¿qué importa que uno sea cristiano, el otro musulmán y aquel judío, masón o como este otro que viene y dice que es el verdadero Cristo o el Anticristo? La verdad es que podrá llamarse Satanás o como quiera, pero no podemos negarle el derecho de predicar cuando el resto lo hace a sus anchas. ¿Para qué tenemos libertad, entonces, si no es para promoverla y respetarla con tolerancia? This e-mail address is being protected from spam bots, you need JavaScript enabled to view it |
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